Sep 152003
 

El País, 15/09/2003

El Gobierno de Castilla y León desoye el informe de sus técnicos que recomienda declarar parque natural esta comarca leonesa

 

Estar en Babia es una expresión que significa estar distraído o ajeno a lo que se trata. Estar en Babia es, además, para los habitantes de esta comarca del norte de León, la posibilidad de pasear entre montañas de caliza gris, valles verdes y ríos trucheros. Se trata de un bello paraje que la Junta de Castilla y León prevé en esta legislatura declarar, junto a la comarca de Luna, “paisaje protegido”, según ha anunciado en una comparecencia la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Ruiz. Sin embargo, los propios técnicos de la Junta han recomendado en un informe que la zona sea reconocida como parque natural, algo con lo que está de acuerdo el alcalde de Cabrillanes -el término municipal en el que viven casi la mitad de los 3.000 lugareños-, Ovidio Beneitez, de IU, porque supondría “mayores inversiones en la zona y recursos para que la gente pueda vivir mejor”.

“Resulta claro que la figura más indicada para su protección [la de los Valles de Babia y Luna] es la de parque natural”, dicen los técnicos en el borrador del Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN), el texto en el que han catalogado todos los valores que merecen ser preservados y que fija el verdadero interés ecológico de la zona. Uno de los responsables de ese documento desconoce las razones por las que la Junta les ha hecho caso omiso y advierte de que la figura de paisaje protegido es “difusa”, porque no existe ningún espacio así en Castilla y León.

“No quieren gastar”

Quien no tiene dudas sobre el tema es el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León y presidente de la Asociación de Montaña de Babia y Luna, Carlos González-Antón. “No quieren gastarse el dinero”, señala en referencia a la Junta. “La figura de paisaje protegido sólo serviría para reseñar que es un lugar bonito”, añade. En su opinión, es muy discutible que tal norma permita proteger adecuadamente las especies que intentan sobrevivir en estas 55.000 hectáreas. Una fuente, responsable del documento, está de acuerdo: “Claro que supone una menor protección”.

“Paisaje protegido” es la última categoría en importancia de las que establece la Ley de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León, de 1991, en función de lo que hay que conservar, y lo define como aquel que “por sus valores estéticos y culturales” es merecedor de “protección especial”. Mientras que un parque tiene “un notable valor natural” y se crea para “ecosistemas completos”.

Desde que se publicó en 1992 la orden para iniciar el PORN “se ha retrasado su definitiva aprobación”. “Ahora, cuando se tiene hecho el borrador, la Junta quiere cargárselo, lo que obligaría a partir de cero”, lamenta González-Antón.

Entre las joyas de la naturaleza de estas tierras de tradición ganadera, los técnicos de la Junta han destacado a los sabinares, unos arbustos de tronco grueso y pardo. También subrayan que es un área de paso para una especie tan amenazada como el oso pardo y citan asimismo el “alto interés ornitológico” de Babia y Luna, lo que ha hecho que formen parte de las Zonas de Especial Protección para Aves (ZEPA). De ahí que su diagnóstico sea el de que estos valles se añadan a los más de cien parques naturales que hay en España. En su página web, la Junta destaca “la riqueza paisajística” de este espacio, que “alberga una importante fauna y flora”. También reseña la presencia de especies como el urogallo, el lobo, la nutria, el águila real, el buitre leonado o el alimoche, y entre las cinegéticas destaca el ciervo, el corzo, el rebeco y el jabalí.

El borrador de los técnicos afirma que con un parque natural se podrían “buscar fórmulas” para mejorar la calidad de vida y el nivel de renta de los habitantes de esta treintena de pueblos, haciéndolo compatible con el respeto por la naturaleza.

Desde la Junta se insiste en que la declaración de paisaje protegido es sólo “un punto de partida” y en que no se ha iniciado el proceso de información pública donde se escuchará la opinión de afectados, ecologistas y de los expertos. La solución puede llegar en un par de años. En todo caso, para el alcalde de Cabrillanes y para González-Antón, ese “punto de partida” es erróneo, ya que no se ha tenido en cuenta la recomendación de los propios funcionarios de la Junta. El alcalde de San Emiliano (el otro término municipal importante de los valles), Pedro Madrigal, del PP, se muestra pragmático. “Lo importante es que la Junta apruebe lo que dé más dinero, cuanto más, mejor”, concluye.

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