Feb 242012
 

Podemos leer la noticia en Diario de León. La montaña es dura y más en invierno, por ello las situaciones de riesgo se multiplican. En este caso, la preparación de física de Abraham Morán, su conocimiento del terreno, pero sobre todo, su voluntad de ayudar ha permitido recatar a dos montañeros en una de las faldas de Montigüeiro, una de las míticas montañas de Babia.

Reciba nuestra más entusiasta enhorabuena el militar babiano Abraham Morán Delgado. 

Así aparece la noticia en el Diario de León.
El ángel del Montigüero ( Diario de León – 24/02/2012 )

A. Domingo | León 24/02/2012

«Sólo fui un intermediario entre los montañeros y la Guardia Civil». Abraham Morán Delgado no quiere acaparar el protagonismo del rescate, pero lo cierto es que este militar de 25 años, natural de La Riera (municipio de Cabrillanes), localizó el pasado domingo en la oscuridad a dos montañeros que se habían desorientado por la niebla en el Montigüero, sirviendo de enlace entre los agentes del puesto de Villablino y del Grupo Especial de Intervención en Montaña (Greim), que participaban desde las nueve de la noche del sábado en la búsqueda. Y lo hizo en zapatillas de deporte.

Morán —un portento que en el 2008, cuando regresó de una misión en Kosovo, tardó trece horas en cubrir a la carrera andando los 96 kilómetros que separan su domicilio de Villaquilambre de La Riera, en cumplimiento de una promesa— sirve en el Regimiento de Artillería de Campaña (RACA) 63, con base en Ferral de Bernesga, y el sábado dudaba entre visitar su pueblo o disfrutar del Carnaval. Y optó por Babia, donde se convirtió en el ángel de la guarda de José Antonio González, un traumatólogo ovetense de 45 años, afincado en Pontevedra, y de su compañera, Yolanda, de 38.

Pasadas las nueve de la noche, al llegar a La Riera, encontró al pedáneo, José Manuel Reguero, con la Guardia Civil, de quienes tuvo noticia de lo sucedido. Los excursionistas habían salido del Centro de Turismo Rural La Casona de Babia, en San Emiliano, sobre las nueve y media de la mañana del sábado, con intención de alcanzar la cima del Montigüero. Sobre las 20.50 horas había avisado al establecimiento de que se encontraban enriscados (sin poder avanzar ni retroceder), en una pronunciada pendiente. El personal del centro de turismo aconsejó a los montañeros que avisaran al 112 para dar ellos la alarma en La Riera. «La gente del pueblo conoce los montes y podían ayudar en la búsqueda», explicaban en La Casona.

Contactos telefónicos. Morán, sin pensárselo dos veces, se echó al monte tal y como había llegado al pueblo, «porque pienso que si yo me encontrara en la misma situación habría alguien que ayudaría». El presidente del pueblo le subió hasta donde la nieve le permitió llegar al vehículo. «Por las conversaciones por el teléfono móvil, sabíamos en qué zona se encontraban» y comenzó la ascensión junto a un agente, que le acompañó excepto en el último tramo.

El cabo del Raca vivió en La Riera hasta los 14 años y el oficio de su padres, ganaderos, y su afición a la montaña le han llevado a conocer como la palma de su mano el Montigüero y otros picos de la comarca. La ascensión duró «hasta las 0.30 o la 1.00», cuando encontró a José Antonio y Yolanda a «unos 1.700 metros de altura, en una pendiente de un 40%, con la nieve muy dura desde que había anochecido, por las bajas temperaturas». Tras comprobar su estado y las condiciones inició el descenso, con el fin de regresar con el Greim. «Allí sólo se entraba con crampones», añadió.

En la vertiente de Torre. Dar con los desaparecidos no fue fácil, pese a su conocimiento del terreno. «Hubo un momento en el que la niebla me desorientó». Además, «estuve alrededor de una hora buscando por la cota donde suponíamos que estaban y fue cuando tiré hacia la vertiente de Torre de Babia, en vez de hacia La Riera, cuando los encontré», explicó.

Los efectivos del Greim llegaron sobre las 2.30 horas de la madrugada del domingo y, acompañados por Morán, llegaron hasta los excursionistas a las 3.20. «Nacho, del Greim, me aseguró que en esas circunstancias hubiera sido imposible encontrarlos sin alguien que conociera la montaña».

José Antonio González mostraba ayer su agradecimiento hacia el joven soldado y manifestó que la noche en el Montigüero «la recordaré siempre con emoción». Conocedor de los montes de la comarca, considera que el gesto de Morán «es algo que no te esperas en los tiempos que corren». El hielo y la pendiente muy pronunciada obligó a los montañeros a quedarse quietos: «El riesgo de precipitarte al vacío era muy alto», aseveró.

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