Ene 162016
 

Babia existe Julio LlamazaresAl hilo del libro de Julio Llamazares Atlas de la España imaginaria, traigo aquí un artículo publicado hace cinco años en el Diario de León, apelando a la necesidad de cambiar el nombre de los municipios de Babia.

De los nombres de Babia.

Carlos González-Antón Álvarez

Sin duda hoy el nombre de Babia es altamente evocador y transmite muchos más significados y sensaciones que las originarias. El uso que durante siglos se ha hecho de la palabra Babia y las características propias de esta comarca han convertido a esta parte del territorio leonés en algo mítico, casi separado de las montañas reales que habitan ya pocos babianos. La existencia de esa otra Babia, patrimonio común de los hispanohablantes, y la escasa presencia toponímica de la Babia real están propiciando usos polémicos, como el que protagonizaron hace unos meses dos gurús de la telebasura, que para responder a la pregunta de dónde está el pueblo de Babia llegaron a localizar una pequeña población así denominada en el centro de África. Los vericuetos de la evolución del español han acuñado la expresión «estar en Babia» con las connotaciones conocidas. Fue el diccionario de la RAE de 1884 el primero que vinculó la expresión estar en Babia al «territorio de la montañas de León», manteniendo el significado de «estar divertido o distraído y con el pensamiento muy distante de lo que se trata». Ahora la Babia real debería reivindicar también su geografía, perdida hoy en la historia y plasmar en los mapas y sobre el terreno su nombre. No es admisible que los dos municipios que componen hoy Babia no se denominen precisamente por su nombre. ¿Cuándo van a sustituirse los hoy irrelevantes y inadecuados Cabrillanes y San Emiliano por los más precisos y de mayor raigambre Babia de Suso y Babia de Yuso (aunque quizás sea el momento de fusionar los dos municipios en uno). La inercia de los sucesivos gobiernos locales debe dejar paso a un esfuerzo por colocar el nombre de Babia en todos los lugares donde deba estar presente y lucir. El cambio de nombre de un municipio es un procedimiento sencillo que debería acometerse quizás no sólo en Babia, sino en todos aquellos municipios que optaron por el nombre de uno de sus pueblos, en vez del que históricamente habían tenido. En el caso de Babia, no existe argumento alguno para mantener unos nombres arbitrarios y que no tienen valor ni histórico ni económico siquiera. ¡Cuántos municipios de España quisieran tener el atractivo turístico del nombre de Babia y se gastan mucho dinero en campañas publicitarias! Babia ha tenido la fortuna de tener la inversión hecha; todos han oído hablar de Babia, pero una gran mayoría no la sitúa en el mapa. La Unesco ha sido la primera que ha reconocido la identidad, la unicidad y los valores de Babia, otorgándola el título de Reserva de la Biosfera, como una unidad más de la Gran Cantábrica. Ahora parece que la Consejería de Medio Ambiente ya apuesta por incluir en la denominación del Parque Natural los términos de Babia y Luna, aunque propone anteponerles el sustantivo «valles», algo histórica y geográficamente absolutamente inapropiado. Babia fue y es Babia, y si es algo es montaña y no valle, como dice la RAE. Por favor, no seamos frívolos y llamemos cada cosa por su nombre, pues es sabido que los errores que se ponen a circular son de difícil corrección. Ahora es el momento en el que los dos Ayuntamientos deben devolver a Babia lo que le pertenece, su nombre, evolucionado del medieval Vadavia, anteriormente Uadavia, topónimo de agua, según el erudito montañés P. Martino. Las dos Babias merecen estar cada una en su sitio: la mítica en la imaginación de todos los que soñamos en español y la real en todos los mapas, carteles, letreros, membretes y navegadores. Y que Babia deje de estar en Babia para los que quieran viajar hasta ella.

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