La Edad Contemporánea en Babia

 

La edad contemporánea ha supuesto muchos cambios al uso del suelo de Babia, aunque quizás deba señalarse que los más importantes se han producido en la segunda mitad del siglo XX, pues hasta esa fecha el carácter ganadero y agrícola de la comarca se mantuvo de forma generalizada, lo que permitió perpetuar los modos de vida y actividades económicas desarrolladas durante siglos. Se puede afirmar que Babia no ha experimentado ningún proceso industrializador, ni siquiera el derivado del manejo de los productos agroalimentarios, salvo un par de intentos por establecer una pequeña industria mantequera que no pudo llegar a consolidarse. La ganadería extensiva sufrió el declive general de toda España, lo que no ha impedido que los pastos sigan actualmente siendo aprovechados por merinas que desde Extremadura o desde el sur de León pasan el verano en Babia. Aunque este uso actual no tenga la importancia económica y cultural de los siglos pasados, no debe despreciarse su papel como mantenedora del paisaje y de los pastizales de montaña, cuyo abandono sería probablemente más negativo. Lo que sí se ha abandonado ha sido el uso de las antiguas rutas mesteñas, pues el transporte del ganado se realiza ahora mayoritariamente en camiones. En este sentido, debe destacarse que se están realizando esfuerzos —casi individuales— para mantener el uso y la continuidad de las cañadas, haciendo trashumar rebaños por las vías pecuarias que, a pesar de seguir contando con una protección jurídica del máximo nivel, la realidad administrativa y económica las están sumiendo en un auténtico abandono que permite la usurpación particular. El valor ambiental —y antropológico— intrínseco de los caminos cañadiegos aconsejaría una mayor protección y fomento, pues zonas como Babia serían irreconocibles sin la aportación que las mismas han hecho a lo largo de la historia. Iniciativas como la realizada de trashumar a pie y por la Cañada de la Vizana desde Extremadura a La Cueta sirven precisamente para mostrar el valor actual que puede tener el mantenimiento de esta actividad en Babia.

El último tercio del siglo XX ha visto el abandono total de la agricultura en Babia y, por tanto, de las tierras de labor empleadas. Aunque la incidencia no es la misma en todos los términos vecinales, sí ha supuesto en términos generales la desaparición de superficie que se dedicaba al cultivo del cereal, de leguminosas o, más limitadamente, de patatas de secano. La evolución de los precios de la leche fue imponiendo un monocultivo de vacuno productor de leche, que desplazó otro tipo de ganadería o de actividad agrícola. Sólo recientemente se está diversificando la actividad ganadera, incorporando el vacuno de carne y el caballo, en especial, la raza hispano-bretona.

La actividad minera había sido meramente testimonial hasta finales del siglo XIX y sobre todo el siglo XX, cuando se desarrollaron explotaciones en dos zonas muy concretas y periféricas de la comarca babiana, una al norte, al lado del Puerto Ventana y otra al extremo suroeste en Quintanilla-Carrasconte. Mientras las minas de Ventana fueron explotaciones de interior y ya están abandonadas, en la zona suroeste también se realizaron explotaciones a cielo abierto, algunas de las cuales permanecen activas. Esta es la actividad que, aunque de forma muy localizada, más puede influir en los ecosistemas que afecte, por la intensidad de su actuación.

La reforestación de algunas laderas, realizada en los últimos años, ha supuesto el inicio de una actividad que hasta entonces no se había puesto en práctica en Babia, y que debiera tratarse con la prudencia que exige este tipo de intervenciones sobre amplias zonas de un territorio de montaña, como es esta comarca, a la hora de elegir las especies y las técnicas de plantación.

El descenso de la población que se ha producido en las últimas décadas ha supuesto que el uso del territorio se realice ahora por menos explotaciones ganaderas, aunque éstas son en la actualidad de mayor dimensión. Esta falta de demanda de suelo ha hecho que los precios de arrendamiento de pastos y de prados de siega hayan descendido de forma sustancial. Aún así, se observa una menor productividad en el laboreo de dichos prados y una extensificación en la gestión ganadera del territorio.

En conclusión, se puede afirmar que Babia presenta unos hábitats característicos, derivados de una antigua y constante presencia humana en todo el territorio, con unas actividades de pastoreo que han dado lugar a unos pastizales de montaña de altísimo valor. La importante superficie de prados de siega con sistemas de regadío tradicional y nada tecnificado, separados por setos vivos, suponen un importante activo ambiental. Todo ello, unido a la existencia de diversos bosques en recuperación, dispersos por todo el ámbito babiano, dota a la zona de gran biodiversidad, que merece ser tenida en cuenta de cara a su conservación y estudio.

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