Oct 312011
 

El nombre de Babia, conocido por la gran mayoría de los hablantes del español en todo el mundo a través de la expresión “estar en Babia”, tiene ya un referente institucionalizado por el organismo internacional de la cultura por excelencia, como es la UNESCO. El significado de “estar en Babia” según la definición del diccionario de la Real Academia Española, es «estar distraído y como ajeno a aquello de que se trata”. El origen de esta expresión no está claro, aunque historiadores y lingüistas han señalado que no deriva de Babia, sino que ha tenido caminos diferentes hasta su confluencia más reciente.

Como han señalado los historiadores, durante los siglos X y XI la actual comarca de Babia era denominada Vadapia, Uadabia o Vadabia; existen abundantes documentos que se refieren a la misma en esos términos, lo que indica que, al menos geográficamente, ya existía como tal. Fonéticamente el término deriva a mediados del siglo XII hacia Vahabia y Bahabia que se impone en las crónicas de los siglos XIII y XIV. De ahí a Babia ya no queda mucho trecho. Lo que debe descartarse es la interpretación etimológica empleada con cierta frecuencia, aunque sin fundamento alguno, que atribuye su origen a la expresión «Ba – Vía», queriendo indicar que hay camino hacia adelante. El origen de esta expresión habría que entroncarlo en hidrónimos prerromanos relativos al río que la cruza de Oeste a Este, y que hasta el siglo XII fue denominado Órbigo en muchos documentos, nombre que perdió en su tramo alto en beneficio del de Luna. El origen de Órbigo es también prerromano, vinculado a la raíz Ur (agua) que se mantiene aún en el eusquera.

Existen distintas teorías sobre el origen de la expresión «estar en Babia», tema objeto de varios artículos científicos. Esta expresión ya es empleada por Quevedo, en una de sus Jácaras, titulada «Desafío de dos jaques», donde recoge el lenguaje de germanía:

«¿Estaba esa hoja en Babia /que no socorrió tus dientes»

Aunque probablemente Juan de Luna lo hubiese escrito unos pocos años antes, pues en 1619 publicó sus «Diálogos familiares en lengua española», donde podemos leer:

«I. Esso es mas facil, porque aquellos monstruos son los hornos a do se cueze el pan, que echan llamas, y por la boca vomitan el pan que comemos.

F. Aora digo que tienes razon, y que yo estaua en babia, y que puede vn necio, con vna necedad forjada en su ymaginacion, dar en que entender a cien sabios».

Una de las teorías más difundidas es la de Víctor de la Serna en su libro «La ruta de los foramontanos», donde Babia es denominada «la tierra de los perfumistas», porque babianos (y lacianiegos) fueron los fundadores de la perfumería Álvarez Gómez, que sigue llevando el escudo de León en su etiqueta. Se dice que a los reyes de León les gustaba venir a Babia para evadirse del trajín y de las intrigas de la Corte. Para ellos era un paraíso donde correr los corzos, osos y jabalíes. Claro que, con el rey ausente, los cortesanos intrigaban a sus anchas, y los súbditos leoneses decían: El Rey está en Babia” con lo que daban a entender que el Rey no quería saber nada de nada. Tesis ésta que José María Pemán también difundió en un artículo periodístico de alcance nacional, lo que la convierte en la más conocida.

Otra teoría, expuesta por Manuel Rabanal, catedrático de historia de la Universidad de León, se apoya en la trashumancia y el romancero pastoril, con una interpretación de origen más cercano en el tiempo y a la cultura popular. Los pastores babianos dejaban todo  cuando se iban a Extremadura, eran unos meses lejos de la familia, de los seres queridos, lejos de sus pueblos. Y estar en Babia era el gesto ausente, ensimismado, de su nostalgia y de su recuerdo tan vivo y tan lógico. Imagina, además, la vida solitaria del pastor, aparte de que el babiano (como dice la Pícara Justina del leonés en general) es muy morido de su tierra. De hecho, hay un romance que se cita como “Romance del pastor que estaba en Babia” que pudiera sostener esta tesis. Dice así:

«Cuando la noche se abaja
Toda en su manto guarnida
Ya se avivan en el chozo
Brasas de melancolía,
Ya está la majada quieta
Tan ordenada y cumplida
Y ya señorea la luna
Sobre la tierra enganida.
El pastor ovejerico
Es un puño en su pelliza.
Ladra el mastín en el cerro,
Runrunean las esquilas,
La noche, toda se encalma
Con las estrellas furtivas.

Ay, el mi pastor galano
Que en vez de cantar suspira
Cómo le vienen y avanzan
Visiones de lejanía,
Recuerdos de tierra luenga,
Ecos de las tierra frías,
Y un dulce clamor que hiere,
En el alma estremecida.

 

Ya está en el chozo la Babia
Siempre llevada y traída
Tan lejana, tan lejana,
Y en el corazón metida.
El ovejerico sueña
De la su novia caricias
Y sueña de la su madre
Carantoñas y natillas,
Sueña también la su torre
Con las cigüeñas henchidas,
Y el repicar de campanas
En la fiesta de la ermita.

Ay, dehesas de Extremadura,
Rebaños de lana fina,
Mastines que están de guardia,
Buitres de sagaz pupila
Que siempre van al acecho
De la oveja mal herida,
Y órdenes del Rabadán
Dominando la vigilia
De la noche y la majada
Que en el cerro se cobija.

Todo se aduerme careado
En su paz y en su medida
Únicamente el pastor
No duerme, que suena, herida
La rosa de los recuerdos
De la su aldea querida.
Ay, pastor, que estás en Babia
Ay, noche que mal abrigas
Los decires sin palabras,
Las añoranzas no escritas,
Del pastor que está en su chozo,
Como un puño en su pelliza,
Siempre clavado en su Babia
Tan bien llevada y traída».

Sin embargo, es muy probable que el origen no sea ninguno de los dos propuestos, aunque ambas tesis hayan servido para reforzar su uso y confluir actualmente con el uso original. Varios investigadores han coincidido en afirmar que el origen de la expresión “estar en Babia” no está en la comarca leonesa, por cuestiones cronológicas y lingüísticas. La tesis del romance queda descartada por estos últimos argumentos: si a principios del siglo XVI ya era usada de forma generalizada, difícilmente podría provenir del romancero basado en la actividad trashumante, pues tales romances son de creación posterior. Tampoco hay noticia alguna de que se emplease esta expresión en relación con los reyes leoneses, pues para que pasase al pueblo llano, que es quien la emplea en los siglos XV y XVI, tendría que existir alguna conexión con las actividades de los reyes del siglos X al XII. Algún lingüista ha propuesto que el origen de la expresión «estar en babia» hay que buscarlo en el verbo ahora perdido «embabir», del que «embabia» sería el participio femenino fuerte singular. Este verbo embabir o embair (de invadere), con los significados de estar absorto, abstraído, recibiría la influencia de la amplia familia romance de otros términos para dar lugar a esa significación de embauído o embabido, como embelesado, enajenado. Con esta significación lo emplea en 1514 el salmantino Lucas Fernández en sus Farsas y Églogas de 1514:

«Haz al hombre andar perdido / y embauído / por cerros y carrascales, / medio muerto y desbalido, / y aflegido / con tercerías mortales».

O en otro lugar:

«Ha, Pedro, Pedro, ¿dó estás? / Llega’cá, mira, verás. / Presto, no te estés parado, / que gran rato te he’sperado. / – Pedro: He estado casi embebido / mirando que van volando / zagales y van cantando
por en somo del exido / vn cantar desminuýdo, / haziendo mill gargalismos / y gozándose ellos mismos. / Y no sé por dó se han ydo, / ni les atinaré el nido
».

Lo cierto es que la comarca de Babia se ha apoderado de la expresión, de tal forma que la confluencia de argumentos ha hecho que hoy estar en Babia se escriba con mayúscula, y haga referencia ineludible a esta comarca de las montañas de León, tal y como nos indica el diccionario de la RAE. De esta forma, se validan a posteriori todas las tesis, pues todas aportan algo a este elemento de nuestra lengua y cultura, pues, en relación con la primera de las tesis expuestas, está demostrado que los Reyes de León sí estuvieron en Babia, no quizás con la frecuencia que podamos creer ni para huir de la Corte, sino para seguir cumpliendo con sus cometidos. Así, por citar una de las estancias documentadas, el 7 de septiembre de 1169 el Rey Fernando II se encontraba en Babia donde concedió fueros al concejo de Robledo de Fenar. Es probable que fuera a descansar —eso sí, merecidamente— pues se conoce que en el mes de junio del mismo año había hecho prisionero al Rey de Portugal en Badajoz y tuvo que completar la campaña durante los meses de julio y agosto en Toro, Salamanca y Ciudad Rodrigo. Por ello, quizás por una razón de justicia poética, la evolución del castellano ha devuelto a Babia su carácter de tierra de descanso y distracción.

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  One Response to “Del nombre de Babia y de la expresión “estar en Babia””

  1. […] Del nombre de Babia y de la expresión “estar en Babia” » Babia.net […]

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